Hispano soy y nada de lo hispánico me es ajeno

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Una pequeña revolución ha supuesto para este blog la publicación del último artículo ( Anglobalización, y aún queda la segunda entrega) de Héctor Ortega. Y un pequeño incendio en el entorno de la Fundación Gustavo Bueno, cuyos miembros nos acusan por mensajes en las redes sociales de idealismo. En el foro de Repúblico Hispano hemos tomado como lema la frase de Terencio que tanto repitiese el filósofo Gustavo Bueno «hombre soy y nada de los humano me es ajeno», pero parafraseándola a la hispánica manera «hispano soy y nada de lo hispánico me es ajeno». Un lema que está en perfecta consonancia con el «espíritu» de la filosofía de Gustavo Bueno; una filosofía hecha en español que desborda el hecho peninsular y se pretende como filosofía que puede dar una visión del mundo desde un determinada plataforma. Hay que recordar que la españolidad es interpretada desde las páginas de  España frente a Europa como una forma de «estar» -no de «ser»– ante el mundo.

Los hechos de México provocaron que yo me atreviese a escribir en algunas redes sociales que antes que definirme como español me definía como hispano, cosa que nuevamente alteró a alguno de los seguidores fundamentalistas de los postulados de la Fundación Gustavo Bueno que me mandaron mensajes afeándome la proclama. Tras el artículo que publiqué sobre las nuevas tecnologías (La urdimbre del siglo XXI: la disolución nacional y las nuevas tecnologías) y sus consecuencias en las figuras política del siglo XXI -un artículo que viene a concluir que la redefinición de coordenadas producida por la malla digital pone a los Estados canónicos europeos en una crisis que se encamina hacia lo terminal; el caso de Francia es la prueba fundamental de esta crisis-, la proclama era de una lógica aplastante. Seguir leyendo “Hispano soy y nada de lo hispánico me es ajeno”

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Anglobalización

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El 30 de agosto del año 2013 el parlamento británico votó en contra de una intervención militar conjunta de Reino Unido y los Estados Unidos en Siria. Aquella fue la primera gran derrota política del entonces primer ministro David Cameron. Tal vez podríamos aventurarnos a fijar esta fecha como la primera señal, no muy llamativa, de lo que ya es un repliegue evidente del mundo anglosajón en el panorama internacional. La negativa de los británicos a intervenir militarmente en Siria, de poner sus hombres sobre el terreno, tuvo una enorme repercusión en la otra orilla del Atlántico modificando los planes militares y geoestratégicos de la superpotencia global.

Algo parecido ocurrió en el segundo descalabro político de Cameron: el voto afirmativo de los británicos al Brexit. Pareciese que los británicos fuesen la avanzadilla que marca el camino, y el susto del Brexit anunciase la llegada de Trump a la Casa Blanca. La llegada de un presidente que podría estar dispuesto a poner fin a un período de hegemonía que cubriría ni más ni menos que el lapso temporal de dos siglos. Estaríamos ante el ocaso del proceso histórico de la anglobalización.

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