Lampedusa.cat

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Contaba Roman Riquelme de Mauricio Macri, cuando todavía era presidente de Boca, que decía de él «que era muy inteligente» para desactivarlo, para tener a la gente en guardia.

Ahora en España está pasando lo contrario. Los periodistas tratan a algunas personalidades de tontas  -como mejor le gusta pasar desapercibido al diablo- para así activarlas y que puedan disponer de mayor número maniobra de movimiento.

Conversas inocentemente con la gente y te cercioras de como los del bando de la Generalitat piensan que su enemigo Rajoy es tontito, mientras que los del bando del Gobierno de España están convencidos de que los dirigentes de la Generalitat han entrado en una espiral de locura.


Sin embargo, cualquier observador atento verá cómo ambos elementos del sistema están jugando sus cartas con una maestría que ya quisiera para sí Maverick.

Antes de nada, me gustaría aconsejar tres claves para huir de la propaganda (Los Losantos, Wyoming, la Competencia de Rac1) que cobran un pastizal principalmente por dibujar a nuestros dirigentes como tontos del haha.

La primera clave sería obviar cualquier noticia de política interior e intentar hacer el divertido ejercicio de buscar las conexiones con el exterior.

La segunda, interiorizar como si fuera un mandato divino, que las cosas son exactamente al revés de como te las cuentan los grandes medios, incluso los pequeños.

Y la tercera, informarse de la política por lo que dejan escapar los medios del corazón, donde las principales figuras aparecen más relajadas y en sus verdaderas compañías. El Hola es muy fino pero el Vanity Fair creo que es el que la rompe a día de hoy. Al fin y al cabo, somos un país de matriarcado y es en la prensa presuntamente femenina donde se cuecen con sutileza los garbanzos, mientras que en la aparentemente política no se hace otra cosa que medir fanfarronamente los egos.

Pero metámonos en fariña. Un ejemplo meridiano de esto que comentamos: El partido Ciudadanos estaba radicalmente en contra de intervenir la Generalitat, intuimos que prefería pues, por el contrario, la dilatación de la letanía, esa inflamación del hastío del currito que le daba unos réditos brutales a nivel electoral, antes que la llamada a la acción que terminó activando el gallego famoso por no hacer nunca nada.

Han pasado apenas unas semanas y ya todos pensamos que fue Ciudadanos el impulsor del 155, mientras que ha triunfado la tesis de que el Gobierno anda sumido en la parálisis.

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Por el otro extremo de la soga hemos asistido a un discurrir de los acontecimientos mucho más fino si cabe, y más cruel y retorcido con los suyos, haciendo honor a la tradición de las élites regionalistas catalanas, capaz de sacrificar a cualquiera de los suyos que molesta para luego empaquetarlo como uno de sus mártires. Ya hablaremos otro día de la Guerra Civil Española.

La dimisión de Artur Mas y de toda la vieja guardia cínica traidora de Convergencia, y la colocación en su lugar de sencillos independentistas bienintencionados Puigdemonters fue interpretada por los medios afines a la Generalitat como una demostración de que el Procés iba, finalmente, en serio.

¿En serio? Acaso no es absurdo que los más listos y experimentados líderes, esos Michael Collins, Mándelas o CheGuevaras, una vez llegado el momento decisivo para el cual han consagrado su vida, se aparten y coloquen a unos pipiolos sin tablas. ¿De verdad alguien cree que, si el estado profundo español resistió 40 años de guerra de liberación vasca, no iba a resistir a las columnas de Pilar Rahola, más si cabe cuando esto no es ni la salida al mar de Rusia como Crimea, ni la base militar más importante de EEUU en Europa como Kosovo? ¿Con la única ayuda del comunitarismo kumbayá en bucle, una vez que la Generalitat se dedicó con denuedo a destruir todo tipo de bases independentistas de tipo épico?

Lógicamente, estaban enviando al matadero al pobre Puigdemont y compañía. Con la ventaja además, de que son verdaderos mártires -no como ellos-, gente sin ninguna mácula de traidores a la causa en su elegante biografía.

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Pelas la naranja y ves que el pueblo catalán no ha sido adoctrinado por la Generalitat. Con una doctrina, un dogma, después viene solo el pensamiento, la crítica, la disidencia, el peligro. Pero no. Lo que importa es que los catalanes estén juntos para no hacer nada, para no conseguir nada, solo por ser catalanes, por tener una escena pop y los pollos de la pata azul en El Prat. Simplemente para estar juntos, para resistir y decirse los unos a los otros que somos los campeones olímpicos de la bondad, los más dialogantes, más democráticos y con más ganadores en el París-Dakar celebrado en Argentina.

Una vez llegados a este punto de apuntalar un poder sin doctrina, a base de dinero y de retroalimentación de los egos, es cuando a la elite catalana le toca aquello de escenificar “unos cuantos momentos solemnes sobre un montón de hojarasca”.

La eclosión de Podemos, al quedarse a mitad de camino, al final ha resultado vital para conservar España, para lo bueno y para lo malo. Podemos colocó en la absoluta irrelevancia política en el Congreso, perdiendo así su poder basado en el comodín aritmético, a los herederos de la liga regionalista catalana. Es entonces, cuando, en una operación lampedusiana, como le encanta decir a Monedero, cambian sus manzanas del cesto de Convergencia al cesto de Ciudadanos.

¿No es acaso Albert Rivera un Jordi Pujol adaptado a los tiempos? Ambos cercanos a la gente en la práctica, y sin embargo, tan lejanos en la teoría. Esade en lugar de Banca Catalana o Manuel Valls en los mitines de Ciutadans, cuando antes CiU y Francia eran uña y carne, son buena muestra de ello.

La maniobra es de manual y cien mil veces usada. Así como en la transición se utilizó la bandera del antifranquismo para seguir con el mismo régimen, ahora en Cataluña se utiliza la bandera del antindependentismo (sociológicamente una copia exacta y el superviviente del modo de vida franquista: TV3 funciona como el Nodo, los pueblos con los caciques patrioteros) para dejar todo como está e impedir el viraje fuera del influjo de la OTAN que pretenden en silenciosa comandita, Rajoy y sus secretarias y secretarios (que no el PP) y el ala de Pablo Iglesias de Podemos.

Las espadas están en todo lo alto. Por un lado, el sórdido macronismo del gobierno francés ayudando a inflamar el hastío de la gente contra los repelentes útiles del procés y de esta manera aupar a su socio Ciudadanos. Y, por el otro, Rajoy, en su atalaya, ayudado como buenamente puede por Pablo Iglesias, cuya entrega y/o dependencia inicial hacia La Sexta le está pasando factura. Ya saben, Mediapro, primero apoyando la moderación podemita con todo tipo de errejonitas, y ahora ya dando el salto y llevándole la campaña a Ciudadanos.

La moraleja respecto a las buenas gentes del lazo amarillo que cortan la A-7 sería que el ser humano, movido por los mejores y más bellos ideales imaginables, puede ayudar a germinar el más espantoso de los males. En este caso que nos ocupa, ayudar a cargarse el status quo que defiende Rajoy y aupar a Ciudadanos a que reviente la Seguridad Social y centralice el Estado a la manera francesa, para poder exprimirlo mejor desde el exterior.

Todo ello con un discurso superficial de tipo falangista clásico acerca de las autonomías (las autonosuyas son una ruina, tenemos tantos miles de políticos) que impide hacer un análisis más pormenorizado de las políticas de cada uno. Lo que se hace es identificar el todo, la mayoría del sistema autonómico, con las partes más gangrenadas, en este caso la sangrienta gestión calvinista de las élites de la comunidad autónoma madrileña y, sobre todo, la catalana (los más hijos de puta, donde reinan las escuelas concertadas, las escuelas públicas en barracones con cuarenta alumnos o la Sanidad donde el mismo Consejero de Sanidad Boí Ruiz era el presidente de las mutuas privadas). De esta manera, al ecualizar las comunidades autonómicas más corruptas con la idea misma del desarrollo de la comunidades autónomas, se favorece la creación de un estado centralizado corporativista, una futura City madrileña llena de chupópteros y tristeza a la manera del París o el Londres actual.

Llegado el extremo, quizás deberíamos sacrificarnos los que estamos en Cataluña con un régimen local fascistoide independiente, antes que destruir nosotros solos, junto al empecinamiento castellano, el viraje iberoamericano del resto de España.

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Creo que era Jessica Fletcher (o Colombo) la que decía que seguir la pista del dinero es lo que te lleva siempre a encontrar al criminal, y es precisamente por ocultar esa pista con brillantez por lo que cobran un pastizal los grandes periodistas-sofistas de este país. Lo que se echa en falta hoy en día precisamente es gente como la señora Fletcher o el teniente Colombo.

Raúl Muniente

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