La elipse electromagnética (I): ecúmene y recubrimiento como especie de imperio generador

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El club político en internet el Repúblico Hispano, es una ramificación de las distintas corrientes que se han decantado dentro del Filomat en el último tercio de la vida del filósofo Gustavo Bueno y en los años posteriores a su muerte.

Nuestra evolución a lo largo del tiempo nos ha ido alejando cada vez más de ciertas visiones que, con la muerte del fundador del sistema, se van fijando como ortodoxia protegidas por la institución referencial del Filomat: la Fundación Gustavo Bueno. Esta visión ortodoxa que nos parece reduccionista y contaminada tanto por proyectos ideológicos de grupos vinculados a instituciones de política electoral muy determinadas, como a proyectos personales de promoción editorial.

Nos parece bien que quien quiera se reclame heredero, guardián de la esencias del Filomat o plañidera oficial del Maestro. Estamos a gusto en el papel de heterodoxos, incluso de frikis, y dejamos a otros ser los albaceas de la pureza del sistema. En nuestra opinión no hay nada más liberador que eso: la heterodoxia, para intentar dentro de lo que se pueda hacer verdadera filosofía a ver si nos sale la filosofía verdadera.

Pero, como dijo el Maestro, tenemos que definirnos. Y en este ensayo vamos a fijar una interpretación o, mejor dicho, vamos a dar una nueva perspectiva de lo que entendemos que es una clasificación ejercida por el propio Gustavo Bueno en su obra clave «España frente a Europa». Vamos a fijar esta interepretación clasificatoria que nos aleja, parece que de manera definitiva, del dogma imperante que han fijado Iván Vélez, Pedro Insua y – aunque no pertenezca a la Escuela- doña Elvira Roca Barea: la ideología «legendario-negrista».

El «legendario-negrismo» surge de lo que nosotros entendemos como una interpretación confusa de «España frente a Europa». Puede que una interpretación propiciada por el propio Maestro, ya que, a pesar de ejercer una clasificación esencial, los modos o especies de la categoría «imperio generador», no los explicita. Esta falta de claridad es lo que lleva a una confusión, un totum revolutum, en el que todo se mezcla y vemos al bueno de Pedro Insua tratar de explicar la Imperio español (que será una «ecúmene») por su elemento destructor, el Estado-nación.

El «legendario-negrismo» es entonces una ideología filosófica, un idealismo, que trata de explicar un fenómeno tan complejo como la Monarquía Hispánica o Católica desde categorías estrechísimas. Tan estrechas que se limita a explicar la «leyenda negra» española desde el eje circular: nos tenían envidia, les caíamos mal. Todo son psicologismos baratos. Es una posición muy próxima al ateísmo de Puente Ojea frente al ateísmo de Bueno. No hay un fulcro lógico material para explicar la razón germinal de esa «leyenda negra», como no había fulcro material en el ateísmo de Puente Ojea, que procede una tradición de ateos espiritualistas, engarzado al eje circular y explicado por procesos mentales o de carácter psicológico (sueños, visones, miedos, etc.)

Nuestro intento en este primer artículo de varios es ensayar una interpretación de la idea de Imperio generador/ Imperio depredador que se maneja en la obra de Gustavo Bueno, «España frente a Europa», desbordándola y corrigiéndola. Pero no porque nosotros seamos mucho más listos que Gustavo Bueno, sino porque creemos ver en la obra una clasificación que el autor parece querer mantener oculta. Es esa clasificación la que tomaremos y utilizaremos para fijar nuestra posición, incluso corrigiendo ideas y conceptos elaboradas en artículos anteriores de este blog.

«Ecúmene» o «universal circunscrito» como especie del Imperialismo Generador

Empezaremos rescatando una clasificación de imperios que Gustavo Bueno hiciese en una entrevista con el inevitable Javier Neira sobre Roma: «El imperio español sólo es comparable con el de Alejandro. El Romano no fue universal porque fuera estaban los bárbaros. También sería universal la Unión Soviética.» ( La Nueva España, 21-11-1999). Siempre hay que tener cuidado con estas entrevistas periodísticas –convenientemente aliñadas por el redactor-, que se dan al calor de publicaciones y en las que el plumilla trata de arrimar la sardina entrevistada al ascua de la línea pastoral del medio o al sesgo de determinados intereses de la cabecera u otros grupos ocultos.

Pero lo que se deduce de los ejemplos puestos en la cita de arriba aplicados a la clasificación canónica que hace en su filosofía política de los imperios Gustavo Bueno: «imperio generador/ imperio depredador»: el «generador» es aquel que eleva a sus componentes a la civilidad al convertirlos en cristianos o ciudadanos, el «depredador» es aquel que obtiene por medio de prácticas rapaces ventajas de tipo económico, que depreda recursos, sin tratar de modificara a los sujetos del imperio. Sorprendentemente lo que se deduce de ese entrecomillado periodístico es que el imperio Romano caería del lado de los depredadores, cosa chocante para cualquier seguidor de la obra de Gustavo Bueno.

Pero acudamos a la fuente, profundicemos más allá de una simple entrevista, y veamos si algo se nos aclara en las páginas de su obra en la que más puntillosamente se trata el tema, «España frente a Europa», y leamos: «El imperialismo de Alejandro, o, si se quiere, su Imperio, en el sentido diapolítico del término, habría estado guiado, según esto, por una idea metapolítica de Imperio. Una idea forjada en los mitos homéricos rumiados en tierras relativamente distantes de las ciudades «sofisticadas», nunca mejor dicho, tales como pudiera serlo Atenas; una Idea cultivada por cínicos y estoicos, pero que sólo de Alejandro habría recibido un tratamiento político efectivo. Por tanto, desde un punto de vista filosófico, parece razonable sospechar que Alejandro, como réplica inicial del imperialismo depredador de los persas, intentó acaso fundar un «Imperio generador» de ciudades, un Imperio que pretendió ser universal[…]. Y universal, no en el sentido indeterminado y meramente intencional de ciertos déspotas orientales que aún sabían muy poco, o nada, de la esfericidad de la Tierra, sino en el sentido práctico-técnico de quien piensa ya con las ideas griegas según las cuales la Tierra es una esfera (una esfera cuyo perímetro, un siglo después, calculará, con asombrosa precisión, Eratóstenes de Cirene).» (pag. 224 «España frente a Europa» Gustavo Bueno)

En este texto se nos explica los elementos que utiliza Alejandro para realizar políticamente la idea de «Unidad de la Totalidad Universal» de la que nos hablase Juan Bautista Fuentes Ortega (JBFO). Y entendemos la idea de «Unidad de la Totalidad Universal» (y esto aclaración es muy importante) como la recurrencia de un modelo antropológico de «relación comunitaria», como lo entiende JBFO, pero concretamos más que JBFO y entendemos que esa idea cristaliza en el mediterráneo de una forma especial y que no se da en cualquier otra parte. Es así que la «Unidad de la Totalidad Universal» no es un concepto abstracto, sino la concreción antropológica del mundo agrario mediterráneo primitivo.

Con una potencia analítica impresionante Gustavo Bueno señala este modelo abstracto como «idea forjada en los mitos homéricos rumiados en tierras relativamente distantes de las ciudades «sofisticadas», tales como pudiera serlo Atenas». Es en la «ecúmene helénica» (ecúmene concepto griego que entiende como “tierras habitadas” por griegos, aunque haya otras “tierras habitadas”), pero en sus tierras más lejanas, las menos cultas y civilizadas, del mundo sofisticado ateniense -que se ha articulado en un imperialismo democrático depredador-, en el que se rumiarán de nuevo los «viejos mitos» y se ofrecerá un modelo superador de ese imperialismo democrático ateniense sofisticado y depredador, encarnado en lo menos sofisticado del mundo helénico que es la monarquía macedonia.

Pero para fundar un «imperio generador» tiene que haber elementos científicos de carácter alfa operatorio -en terminología del filomat-, como la geometría, para que esa nematología de lenta digestión, de ese largo rumiar, se institucionalice de forma efectiva. Es así que la idea de «universalidad» no podría darse de forma gratuita , sino que vinculada internamente a las realidades que nos ofrecen los fenómenos de nuestro entorno, en este caso los fenómenos científicos. Alejandro, con el conocimiento de la esfericidad de la tierra, pretenderá envolverla de alejandrías y expandir la nematología del helenismo. Es lo que soñaron los pitagóricos y el propio Platón, pero realizado a la manera militar y rústica de Macedonia.

El imperio alejandrino es la primera especie o modo del género institucional «imperio generador», que algunos entenderán como canónico y patrón del resto. Y es aquí donde nos desviamos al tratar el imperio romano, tomamos Efe y seguimos a Bueno «En cuanto Imperio diapolítico, Roma no pretendió nunca (como pudo pretenderlo Alejandro) extenderse por la universalidad de la Tierra. Más que pretender el «control» de todo el Mundo, habría buscado definir un espacio, la ecúmene, que no fuese controlado por nadie más que por él mismo. De otro modo, el ortograma de la política exterior de Roma sería antes de orden defensivo que de orden ofensivo o ilimitadamente expansionista.» (pag. 226 «España frente a Europa» Gustavo Bueno) .

Parece que el autor nos lleva una conclusión: la idea de que el Imperio romano no es «universal». Establecemos ya una diferencia importante con el modelo alejandrino. Continúa Bueno con el análisis del modelo romano «Se dice , una y otra vez, que el Imperio buscaba su «perfección» dentro de sus «fronteras naturales». Pero ¿Cómo determinarlas?» (pag. 227 «España frente a Europa» Gustavo Bueno) Y acude al ortograma explicitado sobre el Imperio romano que encontramos en «Primer ensayo sobre las categorías de las «Ciencias políticas» y que dice: «siempre que un mar o un río limitase al Imperio, será preciso que el otro lado del mar o del río sea también romano». Considera que estuviésemos ante un principio de «universalidad» difuso, como si los romanos necesitasen un reservorio de extranjeros con el que alimentar, un «mundo bárbaro que rodea al Imperio llegará a ser el manantial de donde proceden los esclavos: ¿no es esto suficiente para concluir que el Imperio romano es simplemente un Imperio depredador que se deja analizar íntegramente desde el concepto diapolítico de Imperio?» (pag. 227 «España frente a Europa» Gustavo Bueno)

Sí lo parece, sin lugar a dudas ninguna: Roma es un imperio depredador, no comparte con el modelo alejandrino casi nada. Pero entonces Bueno matiza «No del todo, porque, en primer lugar el ámbito de su circunscripción, si la depredación fue la regla en la época republicana, dejó de serlo, precisamente, en la época imperial. El Imperio romano, como e Imperio de Alejandro, se guió por un ortograma de fundación de ciudades imagen y semejanza de la Urbs y terminó, con Caracalla, extendiendo a todas las ciudades la ciudadanía romana. Mommsen definió al Imperio romano como un Imperio Universal fundado en la autonomía municipal. En segundo lugar, porque lo que se hacía dentro de sus límites pretendió tener alcance universal. Dice el historiador Floro(Epístola II, 34) «Todo el género humano fue reunido por una paz universal y verdadera»: Y tenía un alcance universal porque el hombre que el Imperio romano quiso forjar, es el hombre sin más, un hombre al que nada de lo humano fuera ajeno (Terencio)» (pag. 228 «España frente a Europa» Gustavo Bueno)

Es interesantísimo porque zigzagueando Bueno viene a reconocer que los romanos dan con un nuevo modo a la hora de institucionalizar políticamente la idea de «universalidad» de Alejandro. Ya no la van a plantear extensivamente, sino intensivamente. Los romanos cerrarán una ecúmene (recuperan el término griego de “tierras habitadas”) en la que se ejerza la universalidad y para ello utilizan como utensilio transformador, como tecnología, el derecho. Un poco antes de esto Bueno reconocía «Desde un punto de vista metapolítico , la ideología del Imperio , aun parece querer atenerse al ideal de la justicia impuesta por la Ley Romana. Un ideal estoico […]Sabemos sin embargo que esta justicia se ajustaba a un orden esclavista: suum cuique tribuere.»

Santiago Montero Díaz, director de la tesis de Gustavo Bueno, en su exposición Idea del Imperio, pronunciada en julio de 1943 –con el ejército alemán y el soviético enzarzados en plena batalla de Kursk– por un entonces filogermánico Montero, da una definición que podría ser germen de lo dicho arriba y en la que reconoce también la especie nueva del modo romano frente al alejandrino «Por eso decimos que la universalidad constituye la esencia misma del Imperio. Si formulásemos una morfología histórica de las auténticas realizaciones imperiales, veríamos, a través de las más distantes estructuras políticas, el factor común de universalidad. Hasta ahora ningún Imperio se ha extendido por la totalidad de las tierras conocidas. Pero alguno –pensemos en el Imperio Romano- ha agrupado en una vasta unidad política las tierras todas del ámbito cultural, las tierras del paisaje originario de la cultura. En tal sentido ha sido universal. Y esta universalidad es tan inseparable de la idea Imperial, que nuestra Edad Media occidental, desde Otón I hasta Federico II, sintió apasionadamente la idea imperial como unicidad no solamente como unidad. Es decir: concibió un único Imperiun, Un Dominium mundi como exclusiva estructura política de la humanidad civilizada» (Idea del Imperio, pags 3-4 , Publicaciones de la escuela de Formación y captación de vieja guardia, julio 1943)

Un «único Imperium», el control de la tierra toda. El envolvimiento del globo fue lo que llegó al mundo medieval centroeuropeo, pero Roma parece readaptar las ideas de otra manera. Porque Roma en su reinterpretación de la «Unidad de la Totalidad Universal», parece plantear su propia vía como reconoce Montero más abajo «De Sila a César, la República romana sufre una pasmosa transformación, interpretando genialmente las fórmulas helenísticas, para salvar al mundo antiguo de una fabulosa oleada subversiva , rencorosa y asoladora, que amenazaba de muerte la cultura clásica»(Idea del Imperio, pag 4 , Publicaciones de la escuela de Formación y captación de vieja guardia, julio 1943)

Se da en Roma una mutación del estoicismo: dar a cada uno lo suyo, lo del esclavo al esclavo y lo del amo al amo, como un instrumento de un Imperio heril a uno civil, que dirían nuestros clásicos. Son estos valores estoicos la materia en la que se aleará el metal en el que se forje la búsqueda alejandrina de la «Unidad de la Totalidad Universal». Es la Roma imperial la que materializará en Derecho romano y organizará un campo material con ciudades y calzadas, en el que se podrá llevar a cabo «Una sociedad cuya fuerza de acción surge del estupor al encontrar sociedades con distintas costumbres. Se muestra atónita y desconcertada ante lo diferente, lo que la lleva a preguntarse por sí misma, obligándola, con el uso de la filosofía, a reconocer las diferencias de los otros y a buscar normas y costumbres que sirvan, y esto es lo más importante, no sólo para unir a las sociedades codeterminadas en ese momento, sino para posibles terceras sociedades que pudiesen aparecer en un futuro.» El pragmatismo Romano – como bien decía en su conferencia JBFO– el que al «reinterpretar» la política alejandrina nos ofrecerá una nueva especie dentro del género «de universalidad». Así bajo el género o rótulo Imperio Generador tenemos dos modos o especies: la ecúmene romana y el recubrimiento alejandrino o «imperio generador ecuménico» e «imperio generador por recubrimiento». Incluso podríamos establecer una matriz clasificatoria de ambos modelos con sus características.

Dos especies y cuatro imperios

Y esto es lo que parece reconocer Gustavo Bueno en EfE, ejerce la clasificación aunque se cuida bien de explicitarla por no sé qué oscuras razones. Parece Bueno hacer lo que él descubrió en Hegel, en el que sin lugar a dudas encontraba la existencia de un sistema filosófico aunque oscurecido por el propio autor de forma voluntaria, el filósofo habría enterrado las costuras clasificatorias del sistema en sus libros entremezclando aleatoriamente unas partes con otras que habría reordenar tras una atenta lectura de la obra, con lápiz y papel decía Bueno ( el propio Bueno llegó a usar una pizarra en la que fue surgiendo el esquema del sistema de Hegel para estudiarlo). Bueno utiliza la técnica hegeliana emborrona la clasificación del Imperio generador. Nos ofrece el género, pero nos oculta las especies aunque las podamos adivinar entre líneas.

Nos confunde al vincular la Monarquía Hispánica, institución que ordena y articula el barroco-catolicismo, al modo alejandrino. Nos parece evidente que la Monarquía Hispánica se entronca en la especie del modo romano, un imperio generador ecuménico. Es el hilo dorado de la Roma imperial como espacio ecuménico el que servirá de alma para realizar las trazas de la nueva ecúmene que se organizará en dos momentos: uno nematológico, la teología católica, y otro el Derecho indiano como elemento técnico-jurídico secularizado derivado de lo metapolítico en el concilio de Trento (1545-1563). Dos elementos de una sutileza brutal, que permitirán unir los diverso por largo tiempo. El Derecho indiano no deja de ser la analogía transformada en elemento ordenador jurídico, un obra cumbre, sublime y sutil.

Si Roma se artículo en torno a un eje , la masa de agua del mediterráneo, autolimitándose. La Monarquía Hispánica se articula en torno a dos ejes, dos masas de agua que serán los centros de autolimitación con el tornaviaje de Urdaneta y el cierre geopolítico en elipse de la catolicidad. La Monarquía Católica tendrá dos centros: México y Madrid, y dos focos límites: Nápoles y Manila. La ecúmene serán las “tierras habitadas” por una idea de Hombre, definida tanto en Roma como en el catolicismo hispano. Rodeada de islámicos, protestantes, chinos, se mantendrá como centro del mundo haciéndolos orbitar en torno a ella y generando un movimiento en contra, capitaneado por Francia, que había sido despojada de su centralidad cristiana medieval, que tras un par de siglos rumiando los dogmas de la Paz de Westfalia desembocaría en la creación sobre el papel de Europa en el siglo XVIII (creación en papel, con la Enciclopedia), que cuajaría con la Gran Revolución del XIX, en la que se destruiría la ecúmene hispana.

La misma confusión encontramos en Juan Bautista Fuentes Ortega que no reconoce tampoco estas especies. En la conferencia JBFO trata de calificar el imperio alejandrino como aborto, como intento fallido que se queda a medias. Nuestra idea es que la especie del Imperio generador por recubrimiento tiene una breve eutaxia. Si el imperio alejandrino apenas duró la vida de Alejandro, el comunista, que reproduce el de patrón del de Alejandro, apenas durará 70 años extinguiéndose con la misma velocidad que su modelo. Ambos son recubrimientos: uno de ciudades cuya nematología será el helenismo, la perfección y avances del mundo científico griego, la geometría; el otro tratará de recubrir el orbe entero con Repúblicas democráticas, nematológicamente comunistas, en las que desarrollar la idea leninista de «soviets más electrificación». Ambos son estadios de superación también de modelos depredadores: el imperialismo ateniense y la forma nacional atomista del napoleonismo.

Sin embargo la eutaxia de los Imperios generadores ecuménicos, auto limitados a sus fronteras, rodeados por bárbaros, durarán tres siglos no por casualidad. Su sutileza a la hora de mantener la eutaxia en lo temporal y en lo extensional unificando lo diverso es más efectiva. Esta disociación entre las dos especies es fundamental para comprender la inconmensurabilidad entre la nueva dogmática ideológica de ciertos sectores del Filomat y nuestra posición.

Hugo Felguerinos

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