España, nación fraccionaria II: Anquilosamientos

“Incluso cabría sostener, en general, la tesis de que los autologismos más fecundos sólo pueden tener lugar en sujetos que han experimentado en su evolución personal rupturas, revoluciones o conversiones que los hayan obligado a una reconsideración crítica de las pruebas de las antiguas posiciones y de las nuevas; un autologismo que consistiera en ser una reiteración monótona del mismo esquema del juicio o razonamiento podría ser indicio más de anquilosamiento que de coherencia viva”

Gustavo Bueno

“Al contrario, a Marx el nacionalismo se le representa como la negación de la universalidad. En su estrategia no cabe el sionismo. […] Alguien ha escrito que en el sionismo y en la diáspora estaban prefiguradas las dos formas políticas fundamentales, a saber: el nacionalismo y el cosmopolitismo. Dos figuras poderosas que acompañan al judío y que siguen ahí, inasimilables e inevitables, desafiando la reflexión política contemporánea”

Reyes Mate

Ahora que estamos asistiendo a la cristalización por convergencia institucional y estival de parte de la Escuela de Oviedo con los liberales de corte anglosajón mezclados con viejos conservadores “castellanistas” (que viene a ser como el carlismo de la corte), entre ellos, autores adscritos a un marxismo nacionalista sui generis (o como diría Lenin: socialchovinista), nos proponemos comentar algunas de las cuestiones que nos chirrían en estas adhesiones ideológicas. Esta trayectoria común se puede consultar fácilmente siguiendo los distintos cursos que nos ha dejado el verano, como puedan ser el de la Universidad Europea Miguel de Cervantes -en la órbita de Ciudadanos y de críticos liberales del PP-, o en la XI Escuela de Verano de la Fundación DENAES -laboratorio de ideas de VOX-, así como las intervenciones mediáticas en Intereconomía, Libertaddigital, ABC, La Razón o Posmodernia, medios que en vida de Gustavo Bueno le dieron tan poca presencia, por no decir que de alguno fue echado literalmente – por ejemplo, de Intereconomía por decir cosas como que “más basura que la bolsa de valores no se puede imaginar-.

El nacionalismo español no es unívoco, son distintas corrientes las que lo nutren y desde distintas posiciones ideológicas, lo mismo que ocurre dentro de los nacionalismos irredentos o fraccionarios. Sin embargo, nos vamos a referir principalmente a una corriente, en concreto, la tradicionalista-liberal (no la anarco-liberal, aunque se dan bastantes contactos) que busca cambiar la identidad española, al pretender que una parte histórica anegue al todo. Para ello basándose en un modelo de Estado-nación extraño a nuestras instituciones, erigirán como presupuesto ideológico el modelo político francés, con toques del inglés. Con ello pretenden realizar una transformación (por holización) del resto de las comunidades constitutivas del Estado para, así, transformarlas en un único y uniforme tipo de sociedad. Este planteamiento, según nuestra perspectiva, adolece de una simplificación extrema, pues el conjunto (anatómico) se construyó sobre comunidades heterogéneas que fueron confluyendo y homogeneizándose hacia el exterior, pero mucho menos hacia el interior, como pretenden los que defienden una perspectiva jacobina actualizada. Será objeto de otros trabajos el analizar la pluralidad institucional, la etnocofiguración y la morfogénesis de la sociedad histórica española, tanto desde la prehistoria a la antigua, como las periodizaciones medieval, barroca y contemporánea, entre las que existen grandes discontinuidades, como es bien sabido, sobre todo institucionalmente. Seguir leyendo “España, nación fraccionaria II: Anquilosamientos”

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Pedro y el mito oscuro (España, nación fraccionaria)

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 Decía Aristóteles que el filósofo era amigo del mito porque gustaba «de lo maravilloso». Buena prueba de ello es Platón y su mito de «la caverna», mito canónico y fundante de la filosofía académica. Los mitos son la encarnadura de lo maravilloso, la herramienta que utiliza el filósofo para tratar de entender y explicar, en la medida de lo posible, un todo desbordante. Pedro Insua Rodríguez, que se dice filósofo de la tradición platónica, nos presenta su nueva obra dando razón al discípulo macedonio del sabio ateniense: «1492, España contra sus fantasmas» es un libro repleto de mitos.

El título no deja lugar a dudas, lo maravilloso recorre cada una de sus páginas. El ensayo se nos presenta como un conjunto de mitos encadenados. Y este conjunto, esta encarnadura mítica, cristaliza en espectros tenebrosos y oscuros que acosan a España y no la dejan descansar amenazándola. Nos encontraremos al pasar las hojas visiones terroríficas: como la presentación de Bin Laden en el Generalife de Granada, preparando razias y atentados varios contra la cristiandad; a Puigdemont disfrazado de Vellido Dolfos cometiendo las más viles traiciones a los españoles de buena fe; a fray Bartolomé de las Casas redactando la constitución bolivariana para el vil y antiespañol Hugo Chávez, preparando el terreno a los podemitas. Todo un mundo de maravillas y prodigios que Insua nos cuenta como en esas veladas de cuentos de fantasmas de crepitar de fogatas y linternas bajo las caras que se organizan en los campamentos juveniles para asustar a los niños. Seguir leyendo “Pedro y el mito oscuro (España, nación fraccionaria)”

El estertor de las viejas naciones liberales

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Tenemos derecho a ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza, tenemos derecho a ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza

Boaventura de Sousa

 
Hay muchos factores que están influyendo en la crisis política española, entre otras, desgaste del Régimen del 78, irredentismo nacionalista, lucha por influencia política y económica en torno a Barcelona y Madrid, crisis económica internacional y de deslegitimación democrática.
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Seguramente sean muchas las líneas por las que la gente ha salido masivamente a las calles en Barcelona y que se están extendiendo por el resto del país en la actualidad. No habría que desconectarlo de las grandes movilizaciones de hace 6 años y que se han venido escalonando (Plaza Cataluña, Rodea el Congreso, Gamonal). Las calles estaban llenas de personas que creían ver el fin de un sistema global viciado y que los estaban dejando en la estaca para superar la crisis financiera iniciada en 2008 (precarización de las condiciones laborales, paro masivo, rebaja de prestaciones sociales, empeoramiento de los servicios públicos sanitarios, educativos, productivos)

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Anglobalización

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El 30 de agosto del año 2013 el parlamento británico votó en contra de una intervención militar conjunta de Reino Unido y los Estados Unidos en Siria. Aquella fue la primera gran derrota política del entonces primer ministro David Cameron. Tal vez podríamos aventurarnos a fijar esta fecha como la primera señal, no muy llamativa, de lo que ya es un repliegue evidente del mundo anglosajón en el panorama internacional. La negativa de los británicos a intervenir militarmente en Siria, de poner sus hombres sobre el terreno, tuvo una enorme repercusión en la otra orilla del Atlántico modificando los planes militares y geoestratégicos de la superpotencia global.

Algo parecido ocurrió en el segundo descalabro político de Cameron: el voto afirmativo de los británicos al Brexit. Pareciese que los británicos fuesen la avanzadilla que marca el camino, y el susto del Brexit anunciase la llegada de Trump a la Casa Blanca. La llegada de un presidente que podría estar dispuesto a poner fin a un período de hegemonía que cubriría ni más ni menos que el lapso temporal de dos siglos. Estaríamos ante el ocaso del proceso histórico de la anglobalización.

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Lo nuestro

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El mundo es otro. Llegados al conflicto del presente desalentados y hastiados, ya no queda camino que no haya sido trillado o tentativa de lucha social que no sea descorazonadora. Dos son los lados que nos arrinconan, medidos perfectamente, para canalizar nuestras inquietudes personales y sociales. Por una parte, un cruel hedonismo que nos mantiene plenamente insatisfechos en busca de la felicidad y, por otra, una socialización comunitaria a través de un aldeanismo vanidoso que desconoce al gigante que le puede poner la bota encima, y que nada sabe de la pelea de los cometas en el cielo que van por el aire engullendo al mundo.

Así, tanto preocuparse de la propia personalidad y de sus circunstancias inmediatas equivale a reconocer que esta no es suficiente, que no se basta a sí misma, cuando menos, que necesita tutela y que no puede oponer nada a una anglobalizacion pavorosa, de guerras y destrucción economicista en la que la Unión Europea, tras los cascotes de 1989, juega un papel de mero club mercantilista y exclusivista a resguardo de la OTAN. El norte trata de someter sobre todo al sur, a la latinidad y a África, pero también a cualquier otro que se cruce en su camino, como se ha demostrado con Yugoslavia, Afganistán, Irak, Sudán, Ucrania, Grecia, Libia y Siria.

El liberal-fascismo trata de acorralar el sentido comunitario forjando una Divinidad de dos caras: el utilitarismo y el puritanismo, al que rinde culto el mundo moderno, y para el cual, todo aquello que no devenga en provecho tangible resulta pecaminoso. Así vemos como “la competitividad” que tanto reclaman no es sino un modo de designar la capitulación ante los criterios industriales y económicos impuestos por las potencias hegemónicas europeas y mundiales; lo que llaman “rentabilidad” es tan sólo una reducción de los problemas sociales, políticos y culturales a cuentas de resultados, y aquello que llaman “el incremento de la productividad” no es sino un eufemismo para disimular la reducción de empleo.

Pues bien, ¿Quiénes son los culpables? Lo sabemos: los que han orientado las cosas y han hecho posible que vivamos rodeados de deshonestidad, desprecio por los ciudadanos, defraudación de fondos públicos, cohecho con los señores del petróleo y de las materias, con los industriales, con los banqueros. Asimismo, connivencia con la mafia, alta traición a favor de potencias extranjeras, destrucción paisajística y urbanística, responsabilidad por la degradación antropológica de los españoles, -agravada por su total inconsciencia-, por la espantosa situación de las escuelas, de los hospitales y de toda obra pública básica, por el abandono cerril del campo, por la extorsión “salvaje” de la cultura de masas y de los mass-media, por la estupidez delictiva de la televisión, por la decadencia de la Iglesia, y, por último, y no por ello menos importante, por el reparto borbónico de cargo públicos a aduladores.

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He aquí el listado, -un listado moral-, de los crímenes cometidos por quienes han gobernado España durante los últimos treinta años, y sobre todo, durante los diez últimos años, y han colaborado con las élites europeas a nuestro dominio.

Pero, todo eso lo sabíamos. Y, sin embargo, por pereza, por abulia, hemos dejado que esto sucediera. Hemos temido lo embates del gentío, los sarcasmos de nuestros amigos, el desprecio y la incomprensión de nuestros maestros. No nos atrevimos a ser, en la plaza pública, la voz que grita en el desierto, pero al menos, siempre podría haber sido un eco disipándose en el tiempo.

Debemos encontrar la fortaleza, nos damos cuenta que en el fondo somos ese ciudadano que pasa su vida, no en ese desierto, sino en una zona degradada cual decadente ciudad industrial y al que se la ha comunicado, aunque sólo sea un único soplo de la enorme fuerza que atesora. Un hombre como este empieza a sentir que le falta algo. La actuación pasará por ser una minoría que prefiera el peligro a la esclavitud. Y las acciones habrán ido precedidas siempre de una reflexión. Y esta se fundamentará en un espíritu crítico, es decir, en el conocimiento de que ya no bastan los valores que están vigentes.

Y allá en el fondo de nuestro ser, donde yacen instintos crueles, hallamos que no sabríamos condenar un sueño: la destrucción de este amontonamiento de edificios administrativos. Pensando acaso que fuese ello acción bienhechora, retribución justa a la naturaleza y a la vida que así han ignorado, ofendido y envilecido.

Pero sabes que ante cualquier rebelión, ante cualquier resistencia se pondrán de manifiesto las amenazas intensas, en la que los aparatos del poder no solo dejan en la estacada al ser humano, sino que los batirán de tal manera que no parecerá quedar esperanza alguna. Entonces es cuando tendremos que decidir si se da por perdida la partida o si se desea continuarla.

Sin embargo, debemos actuar sin concebir la oposición y la lucha como un proceso extremista. Pues ¿de qué sirve ser extremista?, si el extremista enseña a los demás que tiene derechos. ¿Qué derechos?, enseña que quien sirve tiene derechos idénticos que quien manda. ¿Qué enseña?: que es preciso usufructuar derechos idénticos a los del burgués, que quienes son explotados por los explotadores son infelices, y que, por ende, hay que pretender una felicidad idéntica a la de los explotadores.

La tragedia de los extremistas consiste pues en haber conseguido que una lucha,-definida por ellos mismos como revolucionaria-, se degrade en una lucha civil tan vieja como la burguesía, esencial para la existencia de esa misma burguesía, de esa misma democracia.

Por lo tanto, estos retos nos imponen una evidencia: que para resistir, para comenzar a fomentar una vía potente hay que tratar de ocupar cada vez mayor poder en el Estado. Y, además, saber y comprender en toda su dimensión que ahora no es suficiente una sola nación, sino que se precisa pertenecer a una federación de Estados que se protejan y salvaguarden de las embestidas de otras potencias mayores.

El camino que nos queda atraviesa una dura prueba; salir del tecnofascismo hacia otro ámbito implica darse cuenta de que hace falta un socialismo con unas estructuras políticas que puedan canalizar y enfrentar el modelo vigente.

Deben encontrase fuerzas vivas civiles, estatales, de una magnitud tal que, sin ser exclusivistas, puedan proponer una salida factible. Es por tanto necesario un hombre histórico enlazado suficientemente, para que se convierta en una fuerza comunitaria potente y generosa, y pueda ejemplificar y ayudar a elevarse a otras partes del globo sin explotarlas. Ese camino y ese hombre, creemos, se encuentra en Iberoamérica.

Es totalmente perentorio darse cuenta del hecho que una comunidad de Estados que compartimos tanto en común, y que llevan dándose la espalda dos siglos, ha sido lo que ha permitido a otros jugar a someternos, y hacernos girar en torno a intereses que poco o nada tenían de edificantes. Esto es lo que tiene que hacernos despertar para buscar una libertad emancipadora.

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Unámonos, pero no sólo para defendernos, sino para ser un referente, para desarrollarnos sin necesidad de esquilmar otras latitudes, para a partir de ahí, fomentar redes mundiales más sociales, y tener fuerza suficiente para ir apartando al mundo de la depredación constante.

Ser latino, ser hispano, ser iberoamericano puede pasar a ser revolucionario si millones de personas comienzan a marchar transversalmente en una dirección, la nuestra. Y tras esta llama, los Estados comprendan este empuje, y conquista tras conquista, cambien las políticas coyunturales y pasajeras impuestas por otras potencias y multinacionales, -propias y ajenas-, y asuman nuestro camino o se aparten quienes lo impiden.

No hace falta despreciar lo cercano, sino comprender que la mejor salvaguarda es un proceso de mucho mayor alcance. Hay que luchar por la conservación de todas las formas alternas y subalternas de la cultura, que no sean un estereotipo liberal y consumista. Tenemos que buscarlas en el centro de la ciudad, en los rincones más lejanos, más muertos, más infrecuentados; sin someterse a ninguna falsa dignidad y ni falso humanitarismo, sin someterse a ninguna extorsión.

Pensamos con Lorca que quien no conoce y ama a América no puede conocer y amar a España. Así pues, desde aquí le decimos a nuestros hermanos latinos que vamos a ayudar, que vamos a hacer lo posible y lo imposible para que exista una segunda emancipación, socialista y soberana, para poder estar a la altura de los desafíos que plantea el mundo actual, y tener algo que decir en todo ello. Nuestro fin es que el mundo pueda comprobar que existe otra alternativa, y que en nuestras Repúblicas cabe el mundo, y que estas Repúblicas socialistas serán un ejemplo firme de lucha contra los opresores, al lado de los oprimidos, en Nuestra América.

Héctor Ortega