Sí, sois fachas

Captura de pantalla 2018-10-10 a las 17.06.30

La ilustración levantó como bandera ideológica a la Razón, suponiendo que la iglesia era irracional y supersticiosa. Y es principalmente a través de este ataque a la Iglesia católica como la Razón, en cuanto debeladora del Altar, que arrastraría en su caída al Trono, alcanzaba su conexión con la izquierda política. […] Lo que Hammann vio en la definición de Ilustración de Kant es algo muy parecido a lo que poco después verá Marx y, un siglo después, a lo que verían Horkheimer y Adorno, que llegaron incluso a sugerir la afinidad entre la Ilustración y el fascismo.

El mito de la izquierda

 

 

Son fachas. Y lo reconocen sin complejos, como dicen los voceros en las ondas que, y lo reconocían en antena, a principios de siglo se reunían en cancillerías con embajadores de  potencias extranjeras  para tomar nota de las líneas ideológicas a imponer en esa España que tanto les llena la boca. Pues démosles la razón: sí, sois fachas. Ellos y los que desde plataformas adyacentes les dan cobertura ideológica y se envilecen un sistema de pensamiento transformándolo en una caricatura. Sí, sois fachas.

  • Sois fachas: porque el fanatismo reduccionista con que tratáis a la diversidad regional de España es afrancesado, directo de la ilustración.
  • Sois fachas: porque levantáis mitos oscuros para reducir en paquetes manejables desde Europa lo que es complejo y diverso.
  • Sois fachas: porque no podéis entender que entre el gazpacho andaluz y un lacón con grelos haya un mundo de separación y , al mismo tiempo, una proximidad íntima e indisociable.

  • Sois fachas: porque en el fondo renegáis de una España del sur y la queréis nórdica.
  • Sois fachas: porque no os cabe en la cabeza que esa uniformidad nacional se resuelve en España en regionalidades propias y diversas, pero que , al tiempo, constituyen un fondo español innegable.
  • Sois fachas: porque en el fondo queréis lo mismo que Torra, Puigdemont u Otegui para sus terruños reducidos, la univocidad, lo igual hasta extremos delirantes.
  • Sois fachas: porque para ser españoles renegáis de lo hispano con un desprecio racista.

  • Sois fachas: porque suspiráis por una España que en realidad sea Francia
  • Sois fachas: porque haréis todo lo posible por desconectar Cádiz de La Habana y Cartagena de Indias, como Montesquieu quería.
  • Sois fachas: porque en el fondo pensáis en una España de camareros que sirva a toda Europa, eso sí, siempre que vosotros estéis en al dirección del hotel.
  • Sois fachas: porque habláis de un imperio inexistente, que idealmente habéis concebido como el de ingleses y franceses.
  • Sois fachas: porque os defendéis de una leyenda negra levantando una rosa.
  • Sois fachas: porque en cuanto os dicen que no sois europeos salís corriendo a Berlín a poneros de rodillas como en el siglo XVIII

Captura de pantalla 2018-10-10 a las 17.06.51

  • Sois fachas: porque no dudáis en traicionar a vuestros hermanos hispanos del otro lado del océano por unas migajas lanzadas displicentemente desde el norte y emponzoñadas de una ridícula superioridad.
  • Sois fachas: porque usáis el nombre de España con tal de denigrar su origen que es la hispanidad y su compleja multiculturalidad.

Sí, sois fachas.

RH.

Anuncios

España, nación fraccionaria II: Anquilosamientos

“Incluso cabría sostener, en general, la tesis de que los autologismos más fecundos sólo pueden tener lugar en sujetos que han experimentado en su evolución personal rupturas, revoluciones o conversiones que los hayan obligado a una reconsideración crítica de las pruebas de las antiguas posiciones y de las nuevas; un autologismo que consistiera en ser una reiteración monótona del mismo esquema del juicio o razonamiento podría ser indicio más de anquilosamiento que de coherencia viva”

Gustavo Bueno

“Al contrario, a Marx el nacionalismo se le representa como la negación de la universalidad. En su estrategia no cabe el sionismo. […] Alguien ha escrito que en el sionismo y en la diáspora estaban prefiguradas las dos formas políticas fundamentales, a saber: el nacionalismo y el cosmopolitismo. Dos figuras poderosas que acompañan al judío y que siguen ahí, inasimilables e inevitables, desafiando la reflexión política contemporánea”

Reyes Mate

Ahora que estamos asistiendo a la cristalización por convergencia institucional y estival de parte de la Escuela de Oviedo con los liberales de corte anglosajón mezclados con viejos conservadores “castellanistas” (que viene a ser como el carlismo de la corte), entre ellos, autores adscritos a un marxismo nacionalista sui generis (o como diría Lenin: socialchovinista), nos proponemos comentar algunas de las cuestiones que nos chirrían en estas adhesiones ideológicas. Esta trayectoria común se puede consultar fácilmente siguiendo los distintos cursos que nos ha dejado el verano, como puedan ser el de la Universidad Europea Miguel de Cervantes -en la órbita de Ciudadanos y de críticos liberales del PP-, o en la XI Escuela de Verano de la Fundación DENAES -laboratorio de ideas de VOX-, así como las intervenciones mediáticas en Intereconomía, Libertaddigital, ABC, La Razón o Posmodernia, medios que en vida de Gustavo Bueno le dieron tan poca presencia, por no decir que de alguno fue echado literalmente – por ejemplo, de Intereconomía por decir cosas como que “más basura que la bolsa de valores no se puede imaginar-.

El nacionalismo español no es unívoco, son distintas corrientes las que lo nutren y desde distintas posiciones ideológicas, lo mismo que ocurre dentro de los nacionalismos irredentos o fraccionarios. Sin embargo, nos vamos a referir principalmente a una corriente, en concreto, la tradicionalista-liberal (no la anarco-liberal, aunque se dan bastantes contactos) que busca cambiar la identidad española, al pretender que una parte histórica anegue al todo. Para ello basándose en un modelo de Estado-nación extraño a nuestras instituciones, erigirán como presupuesto ideológico el modelo político francés, con toques del inglés. Con ello pretenden realizar una transformación (por holización) del resto de las comunidades constitutivas del Estado para, así, transformarlas en un único y uniforme tipo de sociedad. Este planteamiento, según nuestra perspectiva, adolece de una simplificación extrema, pues el conjunto (anatómico) se construyó sobre comunidades heterogéneas que fueron confluyendo y homogeneizándose hacia el exterior, pero mucho menos hacia el interior, como pretenden los que defienden una perspectiva jacobina actualizada. Será objeto de otros trabajos el analizar la pluralidad institucional, la etnocofiguración y la morfogénesis de la sociedad histórica española, tanto desde la prehistoria a la antigua, como las periodizaciones medieval, barroca y contemporánea, entre las que existen grandes discontinuidades, como es bien sabido, sobre todo institucionalmente. Seguir leyendo “España, nación fraccionaria II: Anquilosamientos”