Meditaciones de un viejoven español en tierras hispanoamericanas

Había un muchacho con un traje de verano amarillo claro, de corte anticuado, una corbata púrpura y un panamá con el ala medianamente levantada, que sobresalía de entre todos los demás por su voz chillona. Pero apenas Aschen- bach lo hubo mirado con cierto detenimiento, se dio cuenta, no sin espanto, de que se trataba de un joven falsificado: era un viejo, sin duda alguna

Thomas Mann, «La muerte en Venecia»

Hay algo sórdido en enmascara la vejez bajo falsos plumajes de juventud. Es ese desagrado de Gustavo Aschenbach, el protagonisa de «La muerte en Venecia» al encontrarse con un viejo petimetre revoloteando alrededor de jovencitos que lo toleran con un punto de displicencia. La novela va de eso, de la decrepitud, que es no aceptar la propia vejez, el final de la existencia, ante el deslumbramiento de una juventud que por mucho que la deseemos ya no la podemos alcanzar. Seguir leyendo “Meditaciones de un viejoven español en tierras hispanoamericanas”

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Finis operantis y finis operis de Albano Dante Fachín

Volvemos a la vieja divisa orteguiana: «¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni alma, no es cosa alguna determinada sino una perspectiva? Dios es la perspectiva y la jerarquía: el pecado de Satán fue un error de perspectiva». Si hay una perspectiva empobrecedora y reduccionista de esa pluralidad llamada España, que se resuelve en múltiples matices y tonalidades, esa perspectiva es la del señoritismo madrileño. El señoritismo madrileño es un punto de vista, un enfoque del mundo, que entiende la vida política como un orden de arriba abajo, una mentalidad ministerial.

El señoritismo madrileño no es –según el cliché comúnmente establecido- un centralismo jacobino, sino un fuerza ordenadora vertical. El señoritismo madrileño es un despotismo europeo. Reconocen las diferencias siempre que estas estén ordenadas. Son como esos blancos progresistas wasp de los Estados Unidos que se creen mejores por llamar «de color» a los negros, como si al cambiar un término resolviesen situaciones de represión y pobreza socio-políticas generadas históricamente.

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se comportaron como auténticos señoritos madrileños, señoritos pata negra, cuando desembarcaron con Podemos en Cataluña. Llegaron allí con los artículos de Vázquez Montalbán en la cabeza, el cliché del Barça como algo más que un club, y la idea de un PSUC, ya desaparecido hace decenios, idealizado. Ellos, como esos turistas que van a Nueva York en busca de las localizaciones de sus películas favoritas, también querían su PSUC. Y como no había PSUC en la realidad de su tiempo, montaron uno de cartón piedra. Claro, el cartón piedra eran el sobrante, el detritus, los restos después del naufragio, de esa barcaza de oportunistas llamado Inicativa per Catalunya. Seguir leyendo “Finis operantis y finis operis de Albano Dante Fachín”

Las “junturas naturales” del internacionalismo

PartesVaca

Propuse para iniciar uno de los debates del grupo algo muy abstracto: la Comunidad Hispánica y el internacionalismo. No levantó pasiones el asunto, he de reconocerlo. Entonces decidí buscar un punto de apoyo más gráfico, necesitaba un <<real torcedor>> -en expresión de Gracián- que me ayudase a dinamizar al foro en dicho tema. Se me ocurrió dar un nuevo enfoque al tema relacionándolo con Podemos. Aunque lo último que quería era entrar en un debate de baja estofa sobre el nuevo sujeto político español. Quería pensar contra Podemos desde un punto de vista crítico, y pensando contra Podemos, respaldarlos al tiempo contra el pensamiento reaccionario y fundamentalista de la derecha garbancera. Estaba en esa búsqueda cuando encontré un debate en el programa Fort Apache -que parece ser el think tank del grupo donde se cuece cara al público la líneas internas de pensamiento- en el que se desata una discusión de lo más interesante: acción política nacional o internacional.

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